HE DADO A LUZ, ¿POR QUÉ TANTA OSCURIDAD?
Cuando
estás embarazada, la gente por la calle te dice: Es lo más bonito que te puede
pasar, enhorabuena. Tú sonríes, al parecer todo será felicidad de ahora en
adelante y así pasas el embarazo, entre pensamientos de lo que será tener a tu
bebé en brazos. Le imaginas dormidito a tu lado y tú con una sonrisa
mirándole, como en los anuncios, le imaginas sonriéndote mientras tú le dejas
en su cuna y te sientas a comer, le imaginas profundamente dormido mientras tú
tienes una de tus conversaciones habituales con tu pareja o amigos, te imaginas
alimentándole con una sonrisa en tu rostro, le imaginas que va creciendo y tú
continuas con tu vida como la conocías hasta ahora: sigues con tu trabajo,
sigues con tus rutinas, sigues con tu día a día, pero con un bebé que cuando es
necesario lo dejas para hacer tus cosas. Te imaginas durmiendo plácidamente y
yendo por el mundo muy bien vestida…
Tienes
tus miedos, como todas, el parto se hace presente, tú has idealizado tu parto,
con música, incienso y respiraciones, te has preparado, lo tienes todo
CONTROLADO.
Y
llega ese día, vas al hospital, recibes una atención diferente a la que
imaginaste, el lugar es más frío de lo que creías, te sientes cohibida, fue
“necesario” inducir, fue “necesario” monitorizar, fue “necesario” obedecer, fue
“necesario” cortar el periné, fue “necesario” permitir que hicieran todo lo que
era “necesario”… por el bien del bebé por supuesto. Tú, que ibas con la fuerza
de una leona, ahora con tu cría en brazos te sentías, más como una gatita
pequeña, frágil, con frío…
No
comprendes muy bien el por qué de esta emoción, si tú y tu bebé estáis “bien”
que es lo importante… o al menos eso te dicen… o al menos eso te dices.
Pero
tú, en tu casa, con tu bebé en brazos, con un fuerte dolor en el periné, con un
gran cansancio en el cuerpo, sin poder descansar como quisieras y con el dolor
“normal” de dar el pecho… porque ¡claro, tiene que hacerse callo! (Falso, busca
ayuda para que no duela más, al menos esa parte) Empiezas a tener una serie de
emociones que no comprendes, te sientes rara, sientes que eres otra que no
conoces, con un bebé en brazos que no conoces y que llora más de lo que
imaginaste, que no duerme como
imaginaste, que no te deja seguir con tu vida como imaginaste. Te miras al
espejo y no te reconoces, el estado de felicidad te abandona y tienes momentos de llorar, al
parecer sin motivo, no terminas de
comprender qué está pasando.
Te
sienten rota, débil, cansada por momentos; feliz, plena, viva por momentos.
Todo es muy extremo, en ocasiones sientes que no podrás con esto… y ya no hay
marcha atrás, tu bebé te pide constantemente, cada día más, tú no logras dormir
por la noche como te gustaría, el dolor en tu cuerpo no te deja moverte como
antes, hay otro dolor que no logras ubicar, pero que siente toda tu alma.
Cuando estás a solas con tu bebé en brazos le miras, sonríes y a tu mente
vienen flashes de tu parto, el momento en que te sentías incapaz, dolía mucho y
estabas sola, el momento en el que escuchabas comentarios de parte de los
profesionales que minaban tu confianza, el momento en el que te sentiste amenazada:
“o pares en una hora o nos vamos a cesárea”, no comprendes muy bien por qué
esta frase te duele en el pecho; el momento en el que te tocaron de una forma
agresiva, el momento en que alguien se subió en tu vientre y apretó con fuerza,
el momento en que comentaron entre ellos que el bebé sufría y te cortaron sin
preguntar... Todos estos recuerdos hacen que tu corazón se acelere, encogen tu
pecho, te dan ganas de llorar, porque después de muchas horas de parto, cuando
salió tu bebé no tuviste ganas de cogerlo, todo lo contrario, estabas tan
cansada, dolorida, incomoda que una parte de ti no lo quería ni ver. El pequeño
llanto de tu bebé te saca de esos recuerdos, él también lo ha notado, a él
también le ha dolido y tú intentas olvidar esas imágenes, pero es imposible,
vuelven a ti cuando menos lo esperas y lo peor de todo es que no puedes hablar
sobre ello… se darían cuenta que eres una “mala madre” porque no estás
constantemente feliz, porque más que estar con tu bebé solo quieres poder
dormir, porque cuando pide el pecho una parte de ti no quiere, sabes que
dolerá. Sabes que “hay que aguantar” porque eso es ser una “buena madre”, darlo
todo aunque le duela, darte completa
aunque no lo estés. Una “buena madre” padece todo lo que haga falta por su
bebé, sigue adelante con su vida, se
pone guapa, atiende al bebé, mantiene la casa, escucha a su esposo y siempre
con una sonrisa, porque ¡claro! Es lo más bonito que puede haber pasado.
Tengo
que decirte que eres una madre REAL, que todas hemos sentido amor infinito y
que todas en algún momento hemos sentido que no podemos más, o que no queremos
más, que nos supera el condicionamiento social de lo que es ser una “buena”
madre, “buena” esposa, “buena” ama de casa, pues es demasiado, y está más allá
de nuestro alcance o sencillamente no nos apetece realmente.
Todo
está bien en ti, estás pasando un proceso de transformación, con muchas sombras
por sanar y la única forma de sanarlas es viviéndolas de esta forma. ¿Sombras?
¡Sí! Todo aquello que has ocultado de ti misma, todo aquello que te avergüenza
o que no eres muy consciente que existe. Tu parto no fue como deseaste y estás
en duelo por ello, ¿duelo? ¡Sí! Ese proceso emocional que sigue después de una
pérdida, el momento que se suponía debía hacerte sentir poderosa no lo hizo y
eso duele, de alguna forma estás reinventándote, pues el día en que nació tu
bebé, naciste tú como madre y eso en muchas ocasiones duele, te has parido a ti
misma en esta nueva versión, te estás reconociendo, estás reubicándote en este
nuevo papel, no es fácil, lleva tiempo y sobre todo mucho amor de tu parte,
paciencia y aceptación principalmente contigo misma.
Habla
de cómo te sientes, habla de tu parto sin miedo, habla de lo que sientes
realmente día a día o escríbelo, dale espacio a TODAS las emociones, solo así
podrás encajar lo sucedido y sobre todo date tiempo, estás aprendiendo a ser
madre y es un aprendizaje de muchos años. Tus sombras aparecerán constantemente
con el objetivo de que las mires de frente, las reconozcas, desde el amor
las aceptes y las transformes, no es cualquier cosa, te estás sanando, tu nueva
experiencia y tu bebé te dan esta maravillosa oportunidad, pero solo tú puedes
hacerlo, si así lo quieres claro, tu hijo es la luz de amor incondicional que
ha venido a iluminar esas partes oscuras de ti, solo así podrás crecer. ¡Ah! Y
por favor recuerda que esto no termina nunca, pero que el caos inicial también
pasará.
Eres
una madre maravillosa, eres una mujer valiente, lo estás haciendo lo mejor que
puedes en cada momento. La vida tiene las dos caras, la dualidad acompaña cada
situación y esta no es la excepción. Busca apoyo, apoyo de verdad, gente que te
nutra, que te haga sentir a gusto, que entienda lo que acontece en tu interior
y te respete, en un momento todo esto será un recuerdo y podrás comprender la
importancia de vivirlo.
Yuly
Páez

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